Reconectar
Llamar ahora WhatsApp
25 de agosto de 2026

Adicciones en la tercera edad: un problema invisible

Adicciones en la tercera edad: un problema invisible

Cuando pensamos en una persona con un problema de adicción, rara vez imaginamos a nuestro abuelo, a nuestra madre jubilada o a la vecina que ronda los ochenta. La imagen que la sociedad asocia a las adicciones suele ser joven, y esa idea, tan extendida como equivocada, deja en la sombra a un grupo cada vez más numeroso: las personas mayores. Las adicciones en la tercera edad existen, están creciendo y, sin embargo, siguen siendo uno de los problemas de salud peor detectados y menos tratados. Es lo que muchos profesionales llaman una epidemia silenciosa.

En este artículo queremos hablar de ello con respeto y sin dramatismos. No se trata de señalar a nadie ni de reducir la vida de una persona mayor a una etiqueta, sino de dar visibilidad a una realidad que afecta a muchas familias y que casi siempre se puede mejorar. Porque hay un mensaje que conviene decir desde el principio: nunca es tarde para pedir ayuda, y a cualquier edad se puede recuperar la calidad de vida.

Un problema real, creciente y poco visible

El envejecimiento de la población es uno de los grandes fenómenos de nuestro tiempo. Cada vez vivimos más años y, con ello, aumenta también el número de personas mayores que conviven con dolor crónico, dificultades para dormir, soledad o duelos acumulados. En ese contexto, el consumo prolongado de alcohol o de determinados medicamentos encuentra un terreno fértil que a menudo pasa desapercibido.

La adicción en esta etapa es especialmente invisible porque se desarrolla puertas adentro. Muchas personas mayores viven solas o pasan gran parte del día en casa, sin la exposición social que en edades más jóvenes suele hacer evidente el problema. No hay un rendimiento laboral que se resienta ni conflictos visibles en la calle. El consumo se instala en la rutina doméstica, discreto y constante, y puede prolongarse durante años sin que nadie del entorno llegue a sospecharlo.

Factores de riesgo propios de esta etapa

La tercera edad trae consigo cambios profundos que, sin ser en sí mismos negativos, pueden convertirse en factores de vulnerabilidad cuando se acumulan o se afrontan en soledad. Comprenderlos ayuda a mirar el problema con empatía y no con reproche.

  • La jubilación y la pérdida de rol. Dejar de trabajar supone a menudo perder una parte importante de la identidad, de la estructura del día y del sentido de utilidad. Ese vacío, cuando no se llena con nuevas actividades y vínculos, puede empujar hacia el consumo como forma de rellenar el tiempo.
  • La soledad y el aislamiento. La reducción del círculo social, los hijos que se independizan y la menor movilidad hacen que muchas personas mayores pasen largos periodos sin compañía. La bebida o la pastilla pueden convertirse en un acompañante silencioso frente a la soledad.
  • El duelo. La pérdida de la pareja, de hermanos o de amigos de toda la vida es una de las experiencias más dolorosas de esta etapa. El dolor no elaborado busca a veces alivio en el alcohol o en los ansiolíticos.
  • El dolor crónico y los problemas de salud. Las molestias articulares, las enfermedades degenerativas o el malestar físico continuado aumentan el uso de analgésicos y de otros fármacos que pueden generar dependencia.
  • El insomnio. Dormir peor es frecuente con la edad, y muchas personas recurren a hipnóticos para descansar, con el riesgo de que su uso se prolongue y se vuelva imprescindible.

Ninguno de estos factores condena a nadie a desarrollar una adicción, pero su suma explica por qué esta etapa es especialmente delicada y merece una atención cuidadosa.

Las sustancias más frecuentes en las personas mayores

A diferencia de lo que ocurre en edades más jóvenes, las adicciones en la tercera edad rara vez tienen que ver con drogas ilegales. Suelen estar ligadas a sustancias legales, socialmente aceptadas y, en muchos casos, recetadas por un profesional, lo que hace el problema aún más difícil de reconocer.

  • El alcohol. Es la sustancia más común. A veces se trata de un consumo que viene de lejos y que se agrava con los años; otras veces empieza o se intensifica precisamente en esta etapa, como respuesta a la soledad o al duelo. El organismo mayor tolera peor el alcohol, de modo que la misma cantidad de siempre produce ahora efectos mucho más intensos.
  • Las benzodiacepinas y los hipnóticos. Los ansiolíticos y los medicamentos para dormir son de los fármacos más prescritos en personas mayores. Tomados durante largos periodos crean dependencia con facilidad, y su retirada brusca puede ser peligrosa.
  • Los analgésicos opioides. El tratamiento del dolor crónico con opioides es a veces necesario, pero conlleva un riesgo de dependencia que debe vigilarse, sobre todo cuando el consumo se mantiene en el tiempo sin revisión.

Que estas sustancias sean legales o estén recetadas no las hace inofensivas. La dependencia puede desarrollarse igualmente, y en el cuerpo de una persona mayor sus consecuencias suelen ser más serias.

Por qué se detecta tan mal

Uno de los aspectos más preocupantes de las adicciones en la tercera edad es la dificultad para detectarlas a tiempo, fruto de la combinación de varios factores que se refuerzan entre sí.

En primer lugar, los síntomas se confunden con facilidad con lo que se considera propio de la edad. La confusión, la somnolencia, las caídas, la pérdida de memoria o los cambios de humor se atribuyen al paso de los años o, en ocasiones, a un posible deterioro cognitivo o a una demencia, cuando en realidad pueden estar causados o agravados por el consumo de alcohol o de ciertos medicamentos.

En segundo lugar, existe mucho menos cribado. En la práctica clínica se pregunta con menos frecuencia a una persona mayor por su consumo de alcohol o por el uso que hace de sus pastillas para dormir, quizá por la falsa idea de que a esa edad ya no importa o de que no hay nada que hacer. Esa falta de preguntas hace que el problema permanezca oculto.

Por último, pesa el tabú familiar. Cuesta imaginar que un ser querido mayor pueda tener un problema de adicción, y a veces se prefiere mirar hacia otro lado por respeto, por vergüenza o por no saber cómo abordarlo. Ese silencio, aunque nazca del cariño, retrasa la ayuda.

Riesgos específicos en esta edad

El cuerpo cambia con los años, y esos cambios hacen que el consumo de alcohol o de determinados fármacos entrañe riesgos mayores. Conviene conocerlos, no para asustar, sino para dimensionar la importancia de intervenir.

  • Interacciones con la medicación. Las personas mayores suelen tomar varios medicamentos a la vez. La mezcla con alcohol o con otros fármacos puede provocar efectos peligrosos y potenciar la toxicidad de los tratamientos.
  • Caídas y fracturas. La somnolencia, la pérdida de reflejos y la inestabilidad aumentan el riesgo de caídas, que en esta edad pueden tener consecuencias graves, como fracturas de cadera y una pérdida importante de autonomía.
  • Deterioro cognitivo. El consumo prolongado puede empeorar la memoria y la concentración, y agravar cuadros de confusión que se confunden con demencia.
  • Mayor toxicidad. El hígado y el riñón procesan las sustancias más despacio con la edad, de modo que estas permanecen más tiempo en el organismo y sus efectos, tanto los buscados como los perjudiciales, se intensifican.

Señales de alerta para la familia

La familia suele ser la primera en poder detectar que algo no va bien, siempre que sepa dónde mirar. Estas son algunas señales que, sin ser una prueba definitiva, invitan a prestar atención con delicadeza.

  • Cambios en el estado de ánimo: mayor irritabilidad, tristeza persistente o apatía.
  • Descuido del aseo personal, de la casa o de la alimentación.
  • Caídas repetidas, torpeza o inestabilidad al caminar.
  • Confusión, olvidos frecuentes o dificultad para seguir una conversación.
  • Aislamiento creciente y abandono de aficiones o relaciones que antes disfrutaba.
  • Botellas o envases de medicamentos que aparecen en cantidades llamativas o que se agotan antes de tiempo.
  • Solicitud de recetas a varios médicos o insistencia en renovar cierta medicación.
  • Consumo a solas, a escondidas o a horas poco habituales.

Detectar estas señales no significa acusar a nadie. Significa abrir con cariño una conversación que puede ser el primer paso hacia la ayuda.

Nunca es tarde para pedir ayuda

Existe una creencia muy dañina según la cual a cierta edad ya no merece la pena tratar una adicción. Nada más lejos de la realidad. Las personas mayores responden muy bien al tratamiento cuando se les ofrece un acompañamiento adecuado, y los beneficios de dejar el consumo se notan a cualquier edad: mejora el sueño, la memoria, el estado de ánimo, la movilidad y la relación con los seres queridos. Recuperar el bienestar a los setenta o a los ochenta años no solo es posible, sino que puede transformar la calidad de los años que quedan por vivir.

Reconocer el problema y pedir ayuda no es un signo de debilidad ni de fracaso. Es un acto de valentía y de cuidado, tanto por parte de la persona mayor como de la familia que la acompaña.

Un abordaje respetuoso y adaptado

Tratar una adicción en la tercera edad requiere un enfoque distinto. El ritmo debe ser más pausado, el trato especialmente cálido y respetuoso, y la retirada de ciertas sustancias, como las benzodiacepinas o los opioides, siempre gradual y supervisada, nunca brusca. Es fundamental tener en cuenta el resto de problemas de salud, la medicación que la persona ya toma y su situación familiar. Y, sobre todo, es imprescindible cuidar la dignidad: escuchar sin juzgar, respetar los tiempos y reconocer la historia de vida que hay detrás de cada persona.

Cómo lo abordamos en Reconectar

En Reconectar, en Las Palmas de Gran Canaria, acompañamos a las personas mayores y a sus familias con un método abierto, sin necesidad de internamiento, que permite mantener la vida cotidiana y el entorno de siempre mientras se trabaja el problema. La atención es directa y la ofrecen los propios terapeutas, sin intermediarios, de forma cercana y personalizada. Adaptamos el tratamiento al ritmo de cada persona y podemos atender de forma presencial o por videollamada, según lo que resulte más cómodo y accesible en cada caso. Todo ello, siempre, con la máxima confidencialidad.

Si reconoces en un ser querido, o en ti mismo, algunas de las señales de las que hemos hablado, no tienes por qué afrontarlo en solitario. Estaremos encantados de escucharte y acompañarte con calma. Ponerte en contacto con nosotros no compromete a nada: es, simplemente, el primer paso para recuperar el bienestar. Porque, de verdad, nunca es tarde para volver a sentirse bien.

¿Necesitas ayuda?

Habla con nuestro equipo terapéutico con total confidencialidad. El primer paso es el más importante.

Sigue leyendo

Artículos relacionados

Desintoxicación en Las Palmas
30 de octubre de 2020

Desintoxicación en Las Palmas

En Las Palmas existen centros especializados como el Centro Terapéutico Reconectar, dedicado a la ayuda, tratamiento y seguimiento de las adicciones y la codependencia.

Leer más